Las Lajas despide al maestro Franco Chávez, escultor del arte en piedra – Primer plano
Ha fallecido el célebre pintor que dejó una huella imborrable en la tradición artística y espiritual de esta zona rural del municipio de Ipiales.
La ciudad de Las Lajas, en el municipio de Ipiales, atraviesa días de profundo luto tras el fallecimiento del maestro Segundo Franco Chávez Córdoba, referente del arte regional y guardián de una tradición que marcó la identidad de su ciudad.
Su partida entristece no sólo el ámbito cultural, sino también el corazón de una comunidad que lo reconoció por su talento, humildad y amor a sus raíces. Durante décadas, su pincel dio vida a imágenes que hoy reposan en hogares, templos y espacios de devoción, convirtiéndose en símbolo de fe y pertenencia.
Herencia
El maestro alcanzó gran reconocimiento por sus detalladas representaciones de la Virgen del Rosario en el Santuario de Las Lajas, ícono arquitectónico y espiritual del sur de Colombia. Sus obras, plasmadas con devoción en lápidas de piedra, fueron adquiridas por peregrinos y visitantes que buscaban llevarse consigo un recuerdo lleno de espiritualidad.
Cada trazo reflejaba no sólo habilidad técnica, sino también una profunda conexión con la identidad cultural de la región. A través del arte sacro y consuetudinario logró tender un puente entre la fe, la memoria colectiva y el arraigo territorial.
Más allá del reconocimiento general, Franco Chávez fue un maestro en el sentido más amplio de la palabra. En su taller formó generaciones, empezando por su propia familia, a la que transmitió paciencia, disciplina y respeto por el oficio.
Hoy, hijos, nietos y bisnietos continúan el camino que él trazó y mantienen viva la tradición de pintar sobre losas de piedra.
Memoria
Este cambio de generaciones ha hecho que su legado no se haya extinguido, sino que se haya desarrollado como un legado vivo de Las Lajas y del departamento de Nariño. La sociedad destaca que su obra no sólo tuvo un valor artístico, sino también una profunda significación social.
Era un hombre cercano, de palabras amables y manos incansables, siempre dispuesto a compartir sus conocimientos. Su nombre quedó ligado para siempre al arte religioso que identifica a la región fronteriza.
Hoy, mientras su familia cuenta con el apoyo de vecinos y amigos, la memoria del maestro se fortalece en cada pincelada que continúa su linaje. Las calles de la ciudad murmuran historias de un artista que convirtió la piedra en lienzo y la fe en pintura.
Su obra sigue siendo un testimonio de una vida dedicada a preservar la tradición y elevar la cultura de Nariño. Desde este espacio periodístico expresamos nuestras condolencias a sus seres queridos y elevamos un mensaje de fortaleza en este momento de despedida. Franco Chávez descansa, pero su arte seguirá hablando por generaciones.
Franco Chávez, Q.E.P.D.