Historia, ritmo y tradición: ballet folclórico – Primer plano

Con la obra “A Golpe de Chanclas: Rumba y Tradición” obtuvo el máximo premio, exaltando el sincretismo cultural del Carnaval de Ipiales, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

La historia de los bailes de carnaval de Ipiale es un profundo sincretismo de tradiciones indígenas, africanas y españolas, consolidadas a finales del siglo XIX con el Juego de Negritos y en 1912 con el Juego de Blancos. Esta manifestación cultural se convirtió en una fiesta de la igualdad y la diversidad, donde las jerarquías sociales se diluyen entre harina, pintura y ocasionales expresiones artísticas.

Ese patrimonio fue el eje del Carnaval Juvenil Multicolor de la Frontera, donde la Fundación Cultural Ballet Folklórico de Nariño obtuvo el primer lugar con una propuesta que unió historia, ritmo y escena contemporánea. Liderados por el maestro Luis Carlos Arévalo Bustos, el grupo cautivó al jurado y al público con una presentación simbólica y de gran poder interpretativo. La obra ganadora, «A Golpe de Chanclas: Rumba y Tradición», propuso un diálogo entre la rumba cubana y la tradición andina, mostrando que la cultura trasciende fronteras.

El reconocimiento destacó la excelencia artística y el compromiso cultural del grupo ipialeño, que logró traducir en movimiento la memoria colectiva del Carnaval, hoy reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Además, también quedaron colocadas como ganadoras en el cuadro de honor de la competencia las siguientes escuadras, con diferentes modalidades; Ganador del Carnaval. 2026 con su propuesta “El velorio de la guagua” Saraguro, en la modalidad de danza infantil y la comparsa “Me llamaron negra”, la cual resultó ganadora de la modalidad Ballet Infantil de Nariño.

Y continúa con el cuadro de honor, “Mujer y tradición” con su propuesta cultural de amor, en forma de danza ancestral. y con la modalidad de baile abierto “El Baile Astral” con su propuesta el baile miranchuro, obras que también aportaron diversidad y calidad al encuentro cultural.

Así, el carnaval juvenil se consolidó como un espacio de expresión, formación y proyección artística, confirmando que el carnaval de Ipiale no es sólo una fiesta, sino también una historia viva, bailada y compartida de generación en generación.

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