Avistamiento de flamencos rosados en Ciénaga de la Virgen de Cartagena trae esperanza a un embalse devastado, ayer despensa de un pescador – Primer plano



Niños del barrio Olaya Herrera de Cartagena recuerdan a Gabo y lo recitan El mundo era tan nuevo que muchas cosas no tenían nombre y había que señalarlas para mencionarlas.. Pero no hacía falta mencionar a los flamencos que ahora se apoderaban de la Ciénaga de la Virgen; Su hermoso color es un grito de batalla contra el gris del olvido.
El fin de semana, como si estuvieran de acuerdo con el viento, Aves de cuello inquisitivo y patas filiformes han sido vistas en aguas de Ciénaga de la Virgenhistóricamente asfixiados por una plaga que no es más que un rastro de apatía humana.
«Avistamiento de flamencos rosados en Ciénaga de la Virgen. Este es un indicador positivo del proceso de restauración ambiental que vive este importante cuerpo de agua de la ciudad. Hermoso, ¿no?» – dijo el alcalde Dumek Turbay en su cuenta X, ilustrando con fotografías de pájaros.
Tuvieron que sobrevivir inviernos de soledad y años llenos de espejismos para que ocurriera el milagro.
Esta semana, sin embargo, el pantano amaneció con un crujir de alas que resonó en La Guajira. Doscientos flamencos rosados, como pétalos de una flor que florece sólo en salitre, descendieron sobre este espejo de agua de Cartagena, ocupando el territorio que el hombre les había robado con escombros y aguas residuales.
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La resurrección de las aguas.
Observación de flamencos rosados en Ciénaga de la Virgen. Este es un indicador positivo del proceso de renovación ambiental que vive este importante cuerpo de agua de la ciudad. Hermosa, ¿verdad? pic.twitter.com/Jj41gglg1n
—Dumek Turbay Paz (@dumek_turbay) 24 de enero de 2026
Restaurar el ecosistema fue un proceso lento y paciente, como tejer una manta de guajira.
La primera fue la apertura del delta artificial de La Bocana en 2000, esa herida necesaria en la tierra para que el mar pudiera entrar, besar los esteros y devolverles el oxígeno que les había quitado la carretera a Barranquilla.
Luego, en 2013, llegó el emisario submarino, esa arteria invisible que empezó a llevar las desgracias de la ciudad a muchos kilómetros mar adentro, gracias a la cual el pH del agua dejó de ser una sentencia de muerte y pasó a ser el caldo de la vida.
La EPA asegura que el regreso de estos “bioindicadores” no es casualidad, pese a que la Ciénaga de la Virgen atraviesa un doloroso proceso de sequía.
Los flamencos han vuelto porque el pantano ha recuperado su memoria de sal. Una vez más encontraron crustáceos que tiñen sus plumas y microalgas que saben a paraíso recuperado.
«Vienen porque las mareas bajas y la salinidad les recuerdan su hogar en el norte», explican expertos de la Agencia Pública de Protección Ambiental (EPA), observando cómo los flamencos Caminan sobre el agua con la elegancia de quien no conoce la gravedad.
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El asedio de los hombres
Ciénaga de la Virgen en Cartagena de Indias, a la izquierda Centro de Congresos Las Américas. Foto:John Montaño/EL TIEMPO
Pero en el realismo trágico que es Cartagena, el milagro coexiste con el peligro.
Mientras los flamencos se alimentan bajo el sol de enero, unos pocos metros El hombre sigue royendo los bordes del pantano. El Barrios subnormales, grupos de casas que crecen sin permiso ni alcantarillado, Son la otra cara de la moneda.
Allí, el relleno de escombros es una lepra que intenta secar lo que la naturaleza quiere inundar de vida.
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El entorno de las Marismas de la Virgen se ha convertido en un vertedero de escombros a rellenar. Foto:Cortesía
La lucha es desigual: por un lado, el instinto de supervivencia de las aves; por el otro, la presión de una ciudad que crece sin dolientes.
Por ahora, los flamencos conviven con los alcatraces, los pelícanos y los pescadores que, gracias a siglos de paciencia, arrojan sus redes, esperando que el milagro rosa no sea sólo un sueño de una noche de verano.
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Una profecía de esperanza
Ciénaga de la Virgen en Cartagena de Indias. Foto:John Montaño/EL TIEMPO
El regreso de los flamencos es una prueba de que la naturaleza tiene una paciencia infinita, pero también una memoria implacable.
Su presencia en Ciénaga de la Virgen es un mensaje de esperanza en la vida: El pantano está vivo, pero su corazón es frágil como el cristal. Para evitar que estas exóticas criaturas vuelvan a convertirse en sólo una leyenda contada por los abuelos, Cartagena tendrá que descubrir que la verdadera riqueza no se esconde en el cemento del hotel, sino en este color rosa que ha decidido volver a teñir sus mañanas.
Una colonia de 200 flamencos rosados (Phoenicopterus ruber) se ha instalado en la Ciénaga de La Virgen y actualmente nos brinda un maravilloso espectáculo.
De acuerdo a @EPACartagenavienen de La Guajira y aquí encuentran condiciones favorables para comer.… pic.twitter.com/hLLuYcsxdZ
—Dumek Turbay Paz (@dumek_turbay) 26 de enero de 2026
Al final del día, cuando el sol se pone en el Caribe y los pájaros se convierten en siluetas de fuego, queda la certeza de que el paraíso puede reconstruirse si el hombre aprende a no ensuciar el agua donde Dios ha decidido. Los ángeles también pueden tener plumas rosadas.
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Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:
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